
Han sido varios días de indecisión, con el disco guardado en un cajón, sin terminar de atreverme a abrirlo. La sombra de Waltz for Koop, uno de mis discos preferidos del género era demasiado densa como para poderla atravesar, para poderla sustituir.
En el fondo, la música no es sólo música, sino que tiene un alto componente de subjetividad, de condiciones de contorno, o como se quiera llamar. Vamos, que un disco no es sólo un disco, sino que también es parte de las circunstancias personales del que lo escucha, en el momento en que lo escucha.
Pero, como tantas otras veces, lo que nunca hay que hacer es dejar el disco en el cajón. Porque entonces se pueden dejar pasar obras como Koop Islands.
Para empezar, es difícil saber si es un disco de género o no, porque el género es de lo menos definido. Supongo que se podría seguir clasificando como nu-jazz, aunque no lo sea, o como downtempo, aunque tampoco lo sea, o como jazz, aunque, efectivamente, tampoco lo sea. Es extraño, pero creo que la mejor definición que se puede hacer es que, para ser suecos, les ha salido un disco muy caribeño, aunque tenga mucho de tempos y formas clásicas.
Pese a que no tengan mucho que ver los unos con la otra, mientras que el de la Peyroux ha sido una ligera decepción, el de Koop pasa directamente a jugar la Copa de Europa de la Musiquita de este año.
Editado: El video de Come to Me.

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