Donde fueres haz lo que vieres, dicen. Por eso, un año más, el pasado domingo la troupe intrascendente acudimos a rendir pleitesía a una de las milenarias costumbres de los amables lugareños de Vallekas: la Batalla Naval
La idea detrás de tan pintoresca manifestación popular es sencilla. Hay que mojarse, pero con un orden, con un motivo, con una finalidad. El motivo primordial es la reinvidicación de la utopía, de un puerto de mar para Vallecas. Pero los lugareños, no ajenos a la realidad social que les rodea, también especifican objetivos concretos en cada una de las ediciones de la Batalla. Este año, se trataba de mojarse por esa parroquia de Entrevías que tanto molesta al venerable señor arzobispo de la cosa.
Una vez dejado claro que ahí se va a algo, y no sólo a ponerse como una sopita y luego irse de botellón, pasemos a las afotos del evento, cortesía de una Nikonos IV-a, tiradas en HP5 a 800 ISO, y que, efectivamente, están subespuestas (o subreveladas, que ya no sé).
Como se puede ver, el concepto está muy claro:

Al igual que las intenciones de los asistentes:

En toda batalla hace falta munición:

Munición necesaria para seguir con la cruenta lucha:

Como ya hemos dicho, la cosa tiene un aire reivindicativo:

(por si acaso, en la pancarta pone: Vallekas contra las agresiones policiales)
Recordemos: es muy importante conseguir munición.

Munición que los vecinos proporcionan amablemente:

Como se puede ver, todo el mundo se moja:

Y luego, a casa a cambiarse para ir al botellón:

Aunque siempre hay quien prefiere sentarse a ver los toros desde la barrera:

Y siempre hay quien tiene que trabajar cuando tú te lo estás pasando de miedo:

El año que viene, prometemos volver.


Y pensar que con tal derroche seguramente algún campo de golf no pudo regarse!
Ciertamente, imperdonable