
Pues sí, es Pekín, capital de la República Popular China, y ciudad donde, a pesar de la extendida creencia popular que dice que semejante aseveración no es posible, hace más frío que en Burgos.
Pero empecemos por el principio de los tiempos. El viernes aterrizamos en Pekín a medio día, y nos dirigimos raudos y veloces al hotel para dejar los trastos y empezar a dar patadas. En primer lugar, no, aún no hay metro hasta el aeropuerto de Pekín, y en segundo, no, no importa demasiado, porque nada más salir de la terminal te das de morros con un chiringuito donde se compran los billetes para las diversas líneas que bajan hasta la ciudad.
Así pues, y tras, como manda la tradición, perdernos pese a tener el hotel a dos pasos, y tras pegar un par de saltos en la cama y abrir y cerrar varias veces el minibar diciendo “ohhhhh”, nos marchamos al Templo del Cielo.
El Templo del Cielo es en realidad un parque, muy bonito muy bonito, lleno de gente haciendo cosas muy variopintas.
Por el camino, por cierto, hicimos un par de paradas técnicas para hacer las obligatorias fotos de las bicicletas:


El Templo del Cielo en sí, es un parque muy grande muy grande, que el emperador utilizaba en sus días de meditación para pedir que hubiera buena cosecha, y que está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde hace la tira de años.
Y efectivamente, Templo había:

Aquí lo pueden ver más de cerca, con una Ms. Peláez delante:

Pero sobre todo había gente pasando la tarde. Algunos, jugando con cintas:

Otros, de cháchara:

Otros tocando y/o escuchando música:

Creo que, si no hubiera sido por lo apretado de nuestra agenda, hubiera merecido la pena pasar allí un día entero, simplemente viendo a los pekineses hacer sus cositas cotidianas.
Pero el programa era muy apretado, y había que marcharse corriendo a la Plaza de Tian’an Men, a presentar nuestros respetos al Gran Timonel. No aburriremos con detalles, pero la plaza es impresionante, con cierto toque de grandiosidad soviética.
Por cierto, estando en la Plaza, unos amables lugareños nos preguntaron si podían hacerse una foto con Ms. Peláez, que aunque ya está un poco cansada de tanta fama, no puede dejar de contentar a sus fans. El resultado…

De la Plaza nos marchamos a uno de los más pintorescos mercados del centro de la ciudad. Como todavía estamos, técnicamente, en tiempos de la festividad de año nuevo, no pudimos dejar de felicitar, otra vez, tan señaladas fechas:

El mercado lo era tanto de bolsos, carteras, colgantes, cámaras, y no sé cuántas cosas más, como de comidas. Comidas entre las cuales estaban, ciertamente, algunos bichéjulos asquerósulos, como los de estas tres fotos:



Conste que la gente los compraba. Pintoresco.
Menos mal que también había comida para melindres como nosotros, así que le pegamos un poco al noodle y al dumpling:


Y con esto, cerramos el día porque el sábado tocaba pegarse el madrugón para ir a la Ciudad Prohibida. En realidad, en mi caso, tocaba pegarse el megamadrugón para ir, a una hora pornográfica, a la Plaza de Tian’an Men a ver la izada de bandera, como otros tropecientos mil chinos más.

La Ciudad Prohibida era la residencia del Emperador, y en ella se conservan, al parecer, unos 980 edificios. Dicho de otra forma, es grande, pero grande, grande.
Sinceramente, intentar describir lo que vimos, con palabras o con fotos, es una tontería. Estuvimos unas seis horas dentro, y hubiéramos necesitado sesenta más para poder ver, y sobre todo apreciar, todo lo que había ahí dentro.
Y es que no se trata sólo de los edificios, sino que, sobre todo, se trata del contenido de los mismos, ya que hoy en día es un enorme museo.
En parte está en proceso de reforma, imagino que por aquello de tenerla niquelada para los juegos:

Podría poner cientos de fotos (literalmente), pero les dejo sólo con un par de ellas.




En fin, que concluímos que una semana no es suficiente para poder verlo todo. Y también concluímos que hay que fastidiarse, que en todos los países del mundo hay un Versalles. Sería el espíritu de Mao…
Bien, con el buen sabor de boca que teníamos, nos fuimos a ver Hutongs. Los hutongs son barrios de callejones, muy típicos de Pekín, de casas bajas de un sólo piso, que están desapareciendo a la velocidad del rayo para dejar paso a la modernidad inmobiliaria.



Sinceramente, yo no le veo el encanto a vivir en una casa sin servicio, sin calefacción, y sin muchas comodidades, por pintoresco que resulte. Eso sí, la cosa da para hacer unas cuantas fotos bastante chulas.
Siguiendo paseando por los alrededores de la Ciudad Prohibida, de Huntong en Huntong, nos encontramos con un lago helado, un lago en el que…


Menos mal que, no muy lejos, otro señor ponía el contrapunto de normalidad, simplemente volando una cometa:

El domingo, por aquello de ser un día tan señalado, nos fuimos a ver templos budistas y confucionistas abiertos al culto. Lo primero que notamos es que gente moderna la hay en todas partes:

Lo demás, ya lo han visto por aquí: mucho incienso y una sensación de paz y sosiego que también afecta a los que pasamos por ahí como turistas.


Por cierto, en la tienda de uno de los templos nos estaba esperando una vieja amiga…

Ah, por cierto, lo de los Juegos Olímpicos. Sí, están en ello. De hecho, el metro está a punto de estrenar tornos y billetes nuevos:


Tras la visita, La Pagoda de Jade, el ránking de las ciudades de Asia que tanto Ms. como Ms Peláez están elaborando queda de la siguiente manera:
Para Ms. Peláez:
1.- Hong Kong
2.- Bangkok
3.- Pekín
4.- Macao
5.- Cantón
Para Mr. Peláez, el ránking queda igual:
1.- Hong Kong
2.- Bangkok
3.- Pekín
4.- Macao
5.- Cantón
Que no es que me haya copiado, es que hay cosas que sólo pueden ser de una manera…