Si el día 225 de la era del dragón estuvo dedicado a profundizar en el conocimiento de lo que aquí se llama heritage, el día 226 lo dedicamos al deporte preferido de los jonkoneses, el hiking, que este caso concreto podríamos rebautizar como eskoñing.
Pero empecemos por el principio de los tiempos. Aunque ya habíamos estado en Sai Kung, nunca habíamos ido a lo que se supone que es su principal encanto: el Sai Kung Contry Park, que según dicen, es el más grande de Hong Kong.
El plan inicial era visitar las playas de Tai Lon Wan, de las que teníamos muy buenas referencias.
Así pues, allá que nos fuimos, Mr y Ms Peláez, La Latina, y D. Orduño, a recorrer parte de la McLehose Trail.
Lo cierto es que empezamos con bastante buena disposición de ánimo:
Y es que, pese a que la humedad era del orden del 93%, el paisaje, o lo poco que se podía ver del mismo, era impresionante:
Saluden a los cables que tan propiamente estropean la foto, por cierto.
Ya saben que lo del hiking es ir por el monte, pero asfaltado:
Y como corresponde a toda franja de asfalto que se precie, no pueden faltar las obras:
Desgraciadamente, esta vez, pese a estar asfaltado, el camino era bastante complicado, con unas cuestas abajo y arriba de mucho cuidado, lo que unido al calor y a la humedad, hizo que a la media hora estuviéramos todos como sopitas. Nada que no se arregle bebiendo agua…
O comiendo unos noodles en un pueblecito medio fantasma:
No sé si se nota, pero Mr Peláez está intentando recordar dónde se dejó el pulmón. Aún no ha conseguido recordarlo.
El caso es que los señores de ese chiringuito todavía se deben estar partiendo de risa al recordar a los cuatro occidentales asfixiados que les llegaron ayer, intentando hablar chino, para más inri. No me extraña, yo también me reiría.
Pero a lo que iba. Al final llegamos a la playa de autos, pero la cosa no pintaba demasiado bien:
… al menos para nosotros, porque había quien parecía estar allí tan contento:
Pero como veíamos que la nube cada vez estaba más cerca:
decidimos emprender el viaje de vuelta, ya con menos ganas de poner caritas en las fotos.
Les dejo con unos cuantos momentos frondosamente verdes:
Habrá que volver, cuando el tiempo mejore y sobre todo cuando se nos pase el escoñe. O cuando se les pase la risa a los forestales a los que les preguntamos dónde estaba la parada de autobús cuando llegamos al final de la pista. Que me imagino que todavía se estarán riendo…































































