Día 225 de la era del dragón

Estas son las trepidantes aventuras del pasado sábado día 29.

Día que amaneció con un plan: tragarse los Sevens por la tele y luego ir a Lan Kwai Fong a ver borracheras ajenas. Pero…

Estaba yo repasando el periódico mientras esperaba al comienzo del primer partido cuando de repente, ahí estaba, un anuncio del Gobierno diciendo que tanto el viernes como el sábado se abrían al público una parte de los antiguos cuarteles de la Policía colonial, en concreto los barracones de los policías casados.

Así que cambié el plan sobre la marcha, y me cogí el JungleExpress para bajar a la isla, a la carrera, porque se me iba la luz. Lo que supongo que fue más o menos lo que dijeron todos los demás foteros de Hong Kong. Pero ya llegaremos a eso…

El motivo de las jornadas de puertas abiertas es que se van a comenzar a rehabilitar. Lo que traducido, quiere decir, que se van a sustituir por un centro comercial. Como aquí no es que se tenga un aprecio particular a las cosas «viejas», sobre todo si se las puede sacar partido económico derruyéndolas, no es que queden muchos edificios de la época colonial (creo que, en realidad quedan 6). De ahí la importancia del evento…

En fin, que los barracones, en realidad no son tales:

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Como puede verse son más bien lo que en mi pueblo se llamarían «unos coquetos pisitos».

Para llegar a la entrada principal, había que subir por Aberdeen Street, una calle que parece el Torumalet más que una calle. Con 25 grados y un 96% de humedad, era obligatorio pararse a la puerta a tomar el aire (simulando hacer esta foto)

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Por cierto, al terminar de hacer la foto, noté una presencia detrás de mí. Era una cola de otros cuatro foteros, esperando a hacer la misma foto.

Cuento lo de la cola de foteros, porque toda la visita fue así. Te parabas a hacer una foto, y se formaba cola. Que veías algo y decías «oye, pues le voy a hacer una foto a eso»; pues te ponías a la cola, y ya estaba.

Pero a lo que iba. La parte visitable era muy muy pequeña, y por eso, imagino, en el patio se había montado una especie de exposición sobre la historia de los barraquen y sus planes de futuro.

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Pero vamos, la cosa se podía resumir muy rápidamente. Aquello estaba hecho una pena.

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Eso sí, daba para alguna que otra foto presentable:

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Eso sí, lo mejor conservado, probablemente, fuera este cartel:

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En fin, que la cosa estuvo bien, sobre todo para regocijo de los foteros/as locales. Que como puede verse, les hay pequeños/as y mayores:

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…con hijos…

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… y con cosa grande y con cosa pequeña…

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Nótese, por cierto, cómo, al contrario que en Madrid, donde sólo hay foteros (con honrosas excepciones), las encantadoras féminas locales le pegan bastante a la cámara.

En fin, que la excursión mereció la pena sobre todo por ver algo que va a desaparecer a la velocidad del rayo. Aunque por lo que se ve, no todo el mundo pensaba lo mismo.

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