Día 215 de la era del dragón

Los miércoles son el día de salir a hacer fotos con trípode (perdón, de acompañar a Ms. Peláez a su clase de inglés).

Como la clase de inglés de Ms. Peláez está al ladín del Hong Kong Park, parece fácil entender que mis trepidantes aventuras de ayer empezaran ahí.

Así pues, mientras sufría la ausencia, y mientras disfrutaba del canto atronador de miles de ranas en un parque al borde de ser engullido por moles de acero y cristal, a la vez que sufría las miradas de curiosidad de los pintorescos lugareños, comencé mi ardua tarea por el principio, que es por donde se debe empezar todo.

Y ¿qué hay al principio de un parque? Casi siempre, la puerta de entrada, y en algunos casos, como en éste, una fuente previa a la misma.

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Esta fuente es muy conocida en Hong Kong, y muy apreciada por lugareños y visitantes. Los visitantes, porque gustan de utilizar el hueco que deja el agua que cae desde su parte superior para meterse debajo de su techo, rodeados de agua por todas partes, y los lugareños porque gustan de quedarse cerca de la fuente, pero por el lado de fuera, viendo mojarse a los visitantes.

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La verdad es que, ranas aparte, el parque bulle de actividad incluso a altas horas de la noche. Como, en general, cualquier lugar público por aquí, que está repleto de gente de la más temprana mañana a la más oscura noche.

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Aunque, eso sí, siempre se encuentra algún que otro remanso de tranquilidad.

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Remanso, repito, encajonado entre torres.

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Cuando me empezó a sonar la alarma de batracios, decidí irme a buscar pasarelas nuevas para tirar fotillos. Por cierto, descubrí, con satisfacción y sin sorpresa, que es posible ir andando de Central a Admiralty sin tocar la calle, transitando sólo por pasarelas y centros comerciales.

El caso es que de tanta pasarela, algo medianamente decente tendría que salir ¿no? Bueno, pues parece ser que no tanto. En todo caso, con ello les dejo, hasta mejor ocasión.

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Día 210 de la era del dragón

Un día tranquilo, la verdad.

Ha amanecido con el aire bastante limpio, aunque con una humedad galopante, que parece ser que es lo que toca ahora, así que las nubes estaban pelín bajas, pero con textura. Total, que tocaba salir a hacer fotos.

La cosa podía tener su dramatismo:

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O tal vez no, pero lo cierto es que lo de ver el otro lado del puerto no es algo que pase todos los días, así que había cierta expectación:

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Por cierto, Louis Voutton habría ayer una macrotienda en Tsim Sha Tsui, así que lo han festajado, entre otras cosas, pintando uno de los barcos de Star Ferry con sus colorines:

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Hablando de publicidades, vean el cartelito que se ha puesto Calvin Klein:

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Lo justo para pasar desapercibido. Por cierto, la grúa que se ve es la de los trabajos de reclamación que se están haciendo en Central. Volveremos sobre el tema en breve.

El caso es que desde el puerto parecía que la vista desde Victoria Peak podría ser interesante, así que para allá que me marché. Obviamente, estaba equivocado: desde dentro de una nube no se pueden hacer fotos.

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¿O sí?

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Como Ms. Peláez, a esas horas de la tarde ya estaba a punto de arrancarse su propia pata a mordiscos para escaparse del cepo de la ofi, nos encontramos en uno de los sitios favoritos: el café Habitú, conocido por lo mullido de sus sofás, lo gratis de su internet, lo potente de su calefacción y aire acondicionado, y sobre todo, por lo caro.

El caso es que Ms. Peláez ha pasado por la pelu, para que le dejaran el flequillo como a las chinas:

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Mr. Peláez no ha pasado por la pelu a que le pongan el flequillo como a las chinas:

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Y cuando ya empezábamos a quedarnos dormidos, a coger el jungle express y para casa. Por cierto, nos quedan días contados en la selva. Ya contaremos eso también…

Ratatouille

La comidilla (nunca mejor dicho) del día es esta foto:

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La instantánea está tomada en un restaurante del centro comercial Langham Place (uno de los supuestamente considerados como finos), en Mong Kok. En ella puede verse perfectamente cómo, en la cinta del shushi hay algo que no creo que pueda considerarse como pescado.

Obviamente, el restaurante en cuestión, de la cadena Genki Sushi, ha cerrado, y como ha pasado la fregona bien bien por debajo de todas las mesas, dice que el problema está solucionado.

No obstante…

I love green

En este pueblo tenemos un problema más que grave con la polución. El problema no es otro que lo que Ms. Peláez, con su habitual franqueza castellana, ha bautizado como «cuánta kk».

Es perfectamente normal que pasen semanas en las que se masque la polución ambiental, con muchos días en los que prácticamente no se ve el skyline desde Tsim Sha Tsui, y cuando hay un día de los que nosotros llamamos «despejados», si te pones de espaldas al sol, cuando éste ya esté cayendo por la tarde, lo mismo, con suerte, y con mucha autosugestión, puedes llegar a ver un poquito de cielo azul.

Para que se hagan una idea, desde que nosotros llegamos a este confín del mundo, no ha habido un sólo día en el que el nivel de contaminación haya bajado de «alto».

La culpa, como siempre, es de todo el mundo menos del que manda. Como con casi todo lo malo que pasa por aquí, según el Gobierno, el primer culpable es China, en concreto todas las fábricas del delta del Río Perla.

Pero China, claro está, dice que no toda la culpa va a ser de ellos. Y lo cierto es que tampoco les falta razón.

Toda la electricidad que se consume en Hong Kong, y a fe que es mucha, se genera desde dos plantas que utilizan combustible diesel, para empezar. Eso sí, ya se han reconvertido para utilizar combustible con concentraciones ultra-bajas de sulfúricos. Además, aquí la inmensa mayoría de los motores son diesel, y éstos todavía no se han reciclado.

Obviamente, lo del aire acondicionado todo el año a toda potencia, tampoco es que ayude a ahorrar energía.

Total, que unos por otros, la casa sin barrer. Eso sí, en los últimos meses, el Gobierno parece que quiere empezar a hacer campaña «ecológica». El slogan utilizado es «I love Hong Kong, I love green» que traducido es algo así como «amo Hong Kong, amo lo verde».

En fin, que aquí les pongo los tres anuncios más sonados de la campaña, en cantonés (aunque hay versión inglesa) para su disfrute. El primero habla por sí sólo:

El segundo anima, secuencialmente, a ir a la compra con tu propia bolsa (las siglas en inglés de eso son BYOB), a reciclar, a ahorrar energía, a usar tejidos naturales, y por favor, por favor, a poner el aire acondicionado a 25.5ºC.

El tercero va más a donde duele: que se usen las escaleras en vez de los ascensores, que se use el transporte público, que se pare el motor cuando el coche no esté en movimiento, y que se usen coches híbridos.

La realidad, sin embargo es otra. El Gobierno no obliga a los transportistas (y si algo hay aquí son transportistas; siempre hay alguien entregando o recogiendo mercancías) ni a los autobuses a cambiar los motores, y lo de las bolsas de plástico en el supermercado roza el ridículo.

Me explico. Pongamos por ejemplo el Wellcome, una de las dos grandes cadenas de supermercados locales. Imaginemos que vas a comprar algo que esté en un frigorífico, como un cartón de leche se soja, un yogur de tofu, o algo así. Además, un tubo de desodorante, un filete, y luego un paquete de pan y unos noodles.

Bien, pues el embolsado (que hace el/la cajero/a) se hará de la siguiente forma: como la humedad es normalmente del 90%, lo que esté frío condensa, así que lo que hayas cogido del frigo te lo van a embolsar aparte, no con una, sino con dos bolsas. El desodorante, va en su bolsa aparte. La carne también va en su bolsa aparte. Y luego, en otra bolsa, todo lo demás. Total, cuatro bolsas distintas (una de ellas doble).

Eso sí, los miércoles es el día de BYOB, porque el Wellcome se preocupa por el medio ambiente, así que si quieres una bolsa, la tienes que pagar.

Cositas de todos los días: una estación de tren

No sé si se acordarán, pero hace ya unos meses que lo que se llamaba KCR fue absorbido por el MTR.

No obstante, por aquí lo seguimos llamando KCR, porque nos apetece, y porque así lo aprendimos en los comienzos de la era del dragón.

En todo caso, se llame como se llame, es similar a lo que es Madrid es el cercanías, aunque en realidad es más un metro en superficie que un tren.

Eso sí, como puede verse en el vídeo, los trenes son tirando a larguillos. Y pasan cada dos minutos. Y no se estropean, y están limpios, y tienen televisión dentro, y…

A lo que iba. El primer tren que entra en la imagen va de Tsim Sha Tsui a Lo Wu. El segundo, va en sentido contrario. En ambos casos, los trenes se anuncian en cantonés, madarín e inglés, respectivamente.

Nótese cómo en el suelo del andén hay una línea amarilla. Los altavoces ordenan, al llegar el tren, que no se sobrepase la susodicha. Además, nótese también cómo, en el tren que entra desde la izquierda, el cuarto vagón tiene una franja amarilla justo por encima de las puertas. Eso indica que es el de primera clase.

Nótese también cómo se manda, desde megafonía, que se deje salir antes de entrar, cosa para la que los pintorescos lugareños muestran una sordera apabullante.

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Otra cosita. La estación es la de Kowloon Tong.

Día 205 de la era del dragón

Con la marcha del invierno, y con la llegada del fin de semana, no hay quien se quede en casa.

Así pues, junto a Shadow y Yamamoto, hoy nos hemos ido a andar en bici. Cierto, en bici, como si fuéramos Bahamontes o el mismísimo Induráin.

Y es que resulta que hay un carril bici que une Tai Wai con Tai Po, pasando por Sha Tin, con chiringuitos, en esas tres ciudades, en los que se pueden alquilar bicicletas, al módico precio de 70 dólares el día completo (hasta las siete de la tarde).

Hoy hemos recorrido la parte de la pista entre Sha Tin y Tai Po, con los siguientes resultados…

Aquí pueden ver a las tres gracias, frescas como lechugas, momentos antes de recoger las bicicletas.

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Aquí, aún frescos como lechugas, recorriendo la parte de la pista que aún está dentro de Sha Tin.

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En Sha Tin, dada la trayectoria completamente recta del río (la ciudad está construída sobre tierra reclamada, y por tanto el cauce es totalmente artificial) se estila bastante lo del remo. Vean cómo algunos están entrenando:

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El paseo ha sido de lo más agradable. Nada más salir de Sha Tin se coge la ribera del mar, en concreto en el llamado Tolo Harbour. Al otro lado del puerto, por cierto, está Ma On Shan, donde se están centrando nuestros esfuerzos urbanísticos (y que también está construída sobre tierra reclamada). Aquí pueden ver a Ms. Peláez, en una parada técnica para meterse los pantalones por dentro de los calcetines…

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Y a las tres gracias, momentos después, recuperando el aliento.

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Como he dicho, el carril bici discurre a la misma vera del mar, en algunos tramos también al lado de la Tolo Highway, así que había sitios en los que si mirabas a la izquierda veías esto:

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y si mirabas a la derecha veías a gente pescando:

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Por cierto, con la pista para bicis pasa como con las pistas de hiking. No han puesto una pista y ya está, no, sino que hay bares, servicios, chiringuitos donde venden rodajas de fruta heladas… aquí pueden ver lo fashion que son algunos de los servicios:

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Y aquí, a su seguro servidor, Mr. Peláez, tan contento tras utilizar los susodichos para hacer un pis:

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Al llegar a Tai Po, hora y media después, decidimos que teníamos que ir a recuperar energías, así que nos lanzamos a uno de los pintorescos restaurantes locales:

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Parte de su pintoresquismo está en que si quieres algo que no esté en la carta, no hay problema, te lo hacen igual. Mola.

De la comida, a devolver la bici, al Tai Po Waterfront Park:

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Por cierto, aquí tienen de nuevo a las tres gracias, tras completar su Tourmalet:

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La verdad es que el parque era bastante bonito, lleno de gente volando cometas, estudiando, leyendo, haciendo el picnic…

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Y, por supuesto, lleno de foteros:

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Resumiendo…

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Cositas de todos los días: un cruce

En varias ocasiones hemos dicho que el transporte público en Hong Kong es bastante eficiente, puntual, rápido y varias cosas buenas más.

Véase, por ejemplo, lo que pasa por el cruce de Des Vouex Road Central y Ice House Street, en Central, un sábado a eso de las tres y media de la tarde. Nótese, ya puestos, cómo el tráfico de autobuses y tranvías es constante, y cómo la proporción de coches particulares es muy reducida. Nótese también, si se quiere cómo por la imagen pasan taxis, autobuses, tranvías, minibuses, e incluso una bicicleta. Sólo falta una barca y un globo.

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Día 201 de la era del dragón

Los miércoles son el día de la semana en que se producen dos acontecimientos simultáneos de similar importancia: el curso de inglés de Ms. Peláez (Yíngman que lo llaman por aquí) y las tres horas que Mr. Peláez dedica a vagar por este pueblo con el trípode a cuestas.

Así pues, prepárense para un repaso foteril por algunos de los hitos de este pueblo.

El plan inicial era subir a Victoria Peak, aprovechando que el día estaba despejado. Sin embargo, el hombre dispone y los autobuses disponen. Tras casi veinte minutos en la parada, lo primero con ruedas que pasó fue el 74A, que lleva a Wong Tai Sin, así que tuve que cambiar el plan sobre la marcha.

Por tanto, la primera parada iba a ser la parte norte de Nathan Road. ¿Por qué? Porque empezaba a ser la hora de encender los luminosos de las calles. Téngase en cuenta que, aunque aquí se haga de noche, ahora, alrededor de las seis y media, dada la altura de los edificios, lo normal es que se empiecen a encender las luminarias sobre las cuatro y media o cinco.

Cuando llegué era un poco pronto, así que en lo que esperaba para sacar la foto que quería, me puse a matar moscas con el rabo (que es lo que hace el diablo cuando no sabe qué hacer y todo eso):

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El siguiente paso, no iba a llevarme muy lejos. A unos minutos andando de la primera foto están las pasarelas que sobrevuelan Mong Kok. Y debajo de ellas, el Ladie’s Market. Y claro, la tentación es demasiado fuerte. Así pues…

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Por cierto, no es nada raro que, cuando estás tirando fotos con el trípode (o incluso sin él) haya alguien cerca de ti mirando la cámara, mirándote a tí, o mirando a ambos con una sonrisa de oreja a oreja y una mirada de genuina curiosidad. De hecho, no es raro que, cuando te apartas la cámara de la cara, notes cómo alguien, un paso detrás o a un lado de tí, se agache para ver si consigue ver en la pantalla de la cámara la foto que has hecho.

Así pasó ayer, por ejemplo, cuando tiré la foto anterior. Al quitar la vista de la cámara, detrás de mí estaba una parejita de jovenzuelos mirando la pantalla de la cámara. Al preguntarles en mi correctísimo cantonés «¿os gusta?», primero abrieron los ojos como platos, después soltaron una carcajada (algo que desgraciadamente pasa demasiado a menudo cuando intento hablar en cantonés) y dijeron «géi hóu» (bastante bien) levantando el pulgar de las dos manos en gesto de aprobación. Menos mal.

De las pasarelas, me fui directo a Sai Yeung Choi Street South (una de las calles de tiendas de cámaras) para tirar esta otra foto:

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Aquello estaba de bote en bote, como siempre. Bueno, como siempre no, porque gracias al día y la hora (miércoles a las seis más o menos), no había «mucha» gente. Eso quiere decir que puede pararme algo más de cinco segundos, levantar la cámara, y tirar cuatro o cinco fotos antes de que la marea me llevara por delante. Eso hubiera sido imposible un sábado, por ejemplo.

Total, que de Mong Kok enfilé hacia Victoria Harbour. El plan era ir a lo que se llama Harbour City, que es un conglomerado de centro comercial, puerto de cruceros y puerto de los ferrys que van a China, para sacar alguna foto del skyline en la hora azul, desde una perspectiva que no fuera exactamente la misma de siempre.

Es curioso, al menos para mí, que en este pueblo, quieras o no, para ir a cualquier sitio al que quieras ir tienes que pasar por al menos una pasarela y al menos un centro comercial.

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Total, que allí estaba yo haciendo tiempo, esperando al momento oportuno, cuando me dije: oye, pues me voy a hacer una foto, para gozo y disfrute de la internet femenina. Y así lo hice:

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Como he dicho, Harbour City hace de puerto, entre otras cosas. Aquí pueden apreciar la altura a la que está el muelle peatonal, fijándose en la chimenea del crucero que aparece a su derecha:

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Total, que como había ido a esto:

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Cuando lo tuve, me marché. Sobre todo, porque empezaba a ser la hora de ir a buscar a Ms. Peláez al cole. Así que, caminata a Tsim Sha Tsui, con una breve parada al lado de la Clock Tower:

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Y a recoger a Ms. Peláez con cucharilla, y viceversa. Que ya está bien de tanto pingo.

Los virus

En este caso, los virus no informáticos, sino los que dan fiebre y pupas.

Ayer ha muerto una niña de tres años en el hospital de Tuen Mun por gripe. Dada la historia reciente de Hong Kong, han saltado todas las alarmas sanitarias.

Sin embargo, según el Gobierno, no hay que preocuparse. La niña ha dado positivo en el test de la gripe H3 (la gripe de toda la vida), y negativo en la H5 (una de cuyas ramas es la gripe aviar). No obstante, hoy le han tomado la temperatura a todos los niños de su colegio, y han obligado a todos los cercanos al mismo (al colegio, se entiende) a no dar ni un paso sin la correspondiente mascarilla quirúrjica.

¿Mascarilla? Pues sí. Porque aquí, en cuanto carraspeas, te tienes que poner una mascarilla, e ir con ella a todas partes. La verdad es que al principio parece raro ver a gente así por la calle, pero llega un momento en que se hace de lo más normal.

En realidad la obsesión por la higiene llega bastante lejos. En muchos servicios hay instrucciones de cómo lavarse las manos correctamente, en la televisión hay campañas sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer cuando se tiene tos o síntomas de resfriado (lo primero, por supuesto es ponerse la máscara), incluso hay campañas periódicas de anuncios en los que explican lo que se debe y no se debe hacer cuando se esté cerca de aves.

Por supuesto, también, en todos los parques hay pancartas dando las convenientes instrucciones: que si no se deben tocar las heces de los pájaros, que si no se deben tocar a los pájaros en general…

Todo esto, ¿por qué? Pues por miedo a la gripe aviar. Creo recordar que ya contamos que al llegar de Cantón nos pasaron por unas cámaras térmicas.

Pero no es sólo eso. Este año se cumplen (en estos primeros días de marzo) cinco años del brote de SARS (lo que en españa se llamó la gripe asiática) que en Hong Kong mató a 297 personas. El SARS se originó en Cantón, y por eso precisamente las medidas especiales.

Por eso, siempre se está ilustrando a la ciudadanía sobre las correctas medidas de higiene a seguir en todo momento: en caso de tos, en caso de contacto con animales, llegando incluso a existir unos carteles en los que se explica cómo se debe toser (tapándose la boca, y retirándose de la línea de contacto con otras personas).