Días 253 y 254 de la era del dragón

Qué bien sientan las vacaciones, sobre todo si son por sorpresa.

El caso es que como Ms. Peláez ha estado unos días de esta semana de «convicencias» laborales en Macao, conseguimos encontrar la manera de adherirla un Mr. Peláez, al menos durante el último día de su retiro espiritual.

Así pues, allá que nos fuimos a darle otra vuelta a Macao.

Por si acaso no se acuerdan, Macao es ese sitio donde escriben las cosas a la vez en chino y en portugués:

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Pese a ser también una SAR de la República Popular, como Hong Kong, la verdad es que ambas ciudades se parecen como un huevo a una castaña. Por ejemplo, en las dos hay bancos, pero mientras en Macao son de los que sirven para que se sienten los jubilados, en Hong Kong son de los que te sacan los cuartos a base de comisiones:

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Sin embargo, hay cosas que son iguales en las dos:

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Pero empecemos por el principio de los tiempos (nunca mejor dicho, porque eran las 7 de la mañana). Es relativamente normal que, al amanecer, los parques estén llenos de gente haciendo gimnasia, tai chí, o cualquier otra actividad física, antes de irse a desayunar dim sum.

Por ejemplo, en este parque había un grupo de señoras bailando:

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(la del pantalón blanco era un pato mareado, y la pobre mujer estaba más perdida que un pulpo en un garaje)

También había otro grupo de señoras haciendo el tai chí de los abanicos (que confucio me perdone si ése no es su nombre exacto)

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Y, por fin, varios grupo de tai chí del normal y corriente:

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La verdad es que como hacer taichí dé la misma tranquilidad de espíritu que ver hacerlo, va a haber que lanzarse.

Bien, del parque, me fui a ver el templo de Á-Man. No sé muy bien qué pasaría, pero algo pasaba. El muro del templo estaba forrando de unas coronas de flores:

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Ya nos enteraremos de lo que pasa (imagino que, como siempre, cuando ya haya pasado).

El templo en sí es como todos los demás templos que hemos visto por aquí: remansos de paz y tranquilidad en los que te pasarías el día entero.

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Eso sí, no sé si por herencia portuguesa o por qué, pero había unos cuantos grabados muy marineros. Pero marineros a la occidental (porque no hay que olvidar que la embarcación local es el junco):

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Por cierto, como siempre, aquello estaba lleno de foteros, incluyendo algunas amorosas parejitas.

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Al rato del salir del Templo, escuché un trotar seguido de un grito que sonaba algo así como «bieeeeeeeeeeeeeeeeen». Evidentemente, eso sólo podía ser Ms. Peláez saliendo al galope de su reunión.

Así pues, recuperada la unidad del hogar Peláez, nos marchamos a ver algo totalmente diferente: un casino.

Macao es el único lugar de China donde el juego es legal. Se la llama a veces «Las Vegas de Oriente», pero lo cierto es que el año pasado, sobrepasó a ésta en cantidad de dinero ingresada por los casinos.

El casino elegido fue el Venetian, abierto en agosto del año pasado. Aquí pueden ver una foto del mismo, pero para que se hagan una idea de su tamaño, el hotel tiene 3000 suites, 51.000 metros cuadrados de casino (el más grande del mundo), 3400 máquinas tragaperras, 800 mesas de juego, y 149.000 metros cuadrados de zonas de tiendas. Casi nada.

Y lo que es mejor… ¡es una copia de Venecia!

Así que, claro, se le queda a uno esta cara, nada más entrar:

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Bien, la cosa es difícil de explicar. En la planta a nivel del suelo está el casino, por encima de ella, la réplica de Venecia (con sus piazzas y todo) que en realidad no es más que la disculpa para llenarlo todo de tiendas, boutiques, joyerías… Aquí pueden ver la zona de comidas:

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Aquí una de las calles peatonales:

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Todo ello está decorado con un canal por el que circulan góndolas:

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En algunas de las piazzas te podías encontrar, cómo no, con el carnaval de Venecia:

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Por cierto, Mr. Peláez sí que estaba:

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Resumiendo, muchas tiendas:

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En cuanto al casino en sí, la verdad es que como era la primera vez no puedo comparar, pero aquello parecía muy grande:

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Por cierto, como pueden ver, los machacas del casino son todos chinos, y es que el Gobierno de Macao sólo permite trabajar en las mesas a nacionales de la ciudad. Y, esto ya es para nota, los que conozcan la milenaria lengua china, se habrán dado cuenta que los carteles están escritos caligrafía simplificada (los que se utilizan en la china continental) en vez de la tradicional (la que se utiliza en Hong Kong y Macao). ¿Porqué? Pues porque la inmensa mayoría de los clientes del casino son chinos continentales.

Por cierto, como imagino que se lo estarán peguntando… sí, jugamos. La cosa es muy sencilla, la verdad. Primero una máquina te mira y te llama:

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Luego metes 20 dólares por una ranura:

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…y les dices adiós para siempre, a la velocidad del rayo.

Lo que nos llevó a definir un casino de la siguiente manera: un casino es un edificio donde hay un señor con la mano derecha extendida, con la palma hacia arriba, y una cola muy grande de gente delante de él, que según va pasando, le va dejando todo su dinero en la mano.

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