El aeropuerto

La historia del aeropuerto de Hong Kong también tiene su miga. El actual, con nombre oficial «Hong Kong International Airport» (香港國際機場), pero conocido vulgarmente como Chek Lap Kok, sustituyó en 1998 a lo que parecía ser una de las leyendas de la aviación mundial, el aeropuerto de Kai Tak.

Pero vayamos por partes. El nombre es Chek Lap Kok, porque está construido sobre la isla de dicho nombre. En realidad sobre una isla artificial, que rodea a la original isla de dicho nombre. Dicho de otra manera, está construido sobre tierra reclamada. De hecho, su construcción fue de todo menos sencilla…

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Chek Lap Kok visto desde arribota.

En realidad, no se construyó sólo un aeropuerto, sino una autopista de acceso, una nueva línea de metro de alta velocidad, un túnel bajo Victoria Harbour, y dos puentes, uno de ellos el puente colgante de dos pisos más largo del mundo. Y todo ello en un tiempo record de siete años. La cosa debió tener su miga cuando fue votada como una de los 10 Logros en la Construcción del Siglo XX en ConExpo 1999.

Pero, ¿porqué hizo falta construirlo? ¿Es que Hong Kong no tenía aeropuerto antes? Pues sí, lo tenía, sólo que el aterrizaje en el mismo era de los que ponía los pelos de punta. Según parece, además, la maniobra de acercamiento terminaba con un giro de 90 grados a bajísima altura, sobre la ciudad, que los pilotos debían hacer de forma visual, sin ayuda de ningún instrumento. Lo que no resultaba práctico para el que, en ese momento, era uno de los mayores aeropuertos de Asia (y el primero del mundo en tráfico de mercancías), sobre todo por las pocas opciones de ampliación que tenía.

Así pues, los ingleses, cuando ya estaba cerca la retrocesión, y de acuerdo con el Gobierno de Pekín, decidieron abordar la construcción del nuevo aeropuerto.

Circula por ahí un documental de National Geographic sobre el asunto, que les recomiendo encarecidamente que vean. Mientras lo buscan, les dejo con unos vídeos de cómo eran los aterrizajes en Kai Tak.

Día 277 de la era del dragón

Con retraso, pero vamos con la trepidante narración de nuestras fascinantes aventuras del pasado domingo, día 18 de mayo.

Como ya contamos en su día, aquí lo de las carreras de caballos mueve las pasiones que en otros muchos sitios mueve el fútbol, por poner un ejemplo.

Por eso, el domingo repetimos visita al hipódromo de Sha Tin, más que nada para supervisar las instalaciones, a que es ahí donde se van a celebrar las pruebas de los Juegos Olímpicos. Y si hay algo que nos gusta, es supervisar cosas.

Un día en las carreras dura eso, un día. La cosa comienza a las 12 del mediodía, y en una jornada hay un total de 12 carreras, separadas entre sí media hora, lo que hace un total de (déjenme pensar….) seis horas de espectáculo.

En esas seis horas, la rutina es bastante sencilla. Primero se acude a ver a los caballos que van a participar en la carrera.

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La expectación es tremenda, por lo que hemos deducido que es importante comprobar el estado de los caballos antes de apostar. La razón parece obvia: si se ve que el número nueve, por ejemplo, está cojo, tal vez sea mejor no apostar por él.

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De ahí, se puede pasar a apostar, de cualquiera de las múltiples maneras disponibles: en una ventanilla, en una máquina, por teléfono… o bien pasar a la grada a esperar la salida. Como se podrán imaginar ya, la pista está encajonada entre torres, como todo por aquí.

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Una vez que se da la salida, hay que animar a un caballo. Imagino que al caballo por el que se ha apostado, aunque supongo que eso es a discreción del personal. El caso es que, aunque la gente anima, no son muy expresivas a la hora de poner caras. Menos el señor de la camisa rosa, que podemos suponer que está ganando…

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Y a partir de ahí, se repite la rutina: ver caballos, apostar, ver carrera; ver caballos, apostar, ver carrera… excepto algún perdido, que siempre les hay, más aún aquí donde el cacharrín tiene tanto tirón.

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Así pues, vistas un par de carreras, aprovechamos para ir a comer a uno de los múltiples chiringuitos a tal efecto. Los chiringuitines funcionan según el sistema de doble cola, es decir, primero le pides lo que quieres a una señorita a la que no entiendes hablar y que tampoco te entiende a tí

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Y luego esperas a que te entreguen lo que has pedido (que no tiene porqué corresponder con lo que tú querías comer, especialmente si pide Mr. Peláez en cantonés)

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Por cierto, aprovechamos la foto gratuita de Ms. Peláez, para incluir una de su seguro servidor haciendo «la mirada del loto»

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Por cierto, hablando de lotos. Una cosa que también pasa entre carrera y carrera es una brigada de personas recolocando los terrones arrancados por los caballos.

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Bien, tras varias carreras, decidimos dejar allí a todo el mundo a sus cositas:

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Casi se me olvida. Una carrera es así:

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El caso es que según salíamos oímos jaleo, y vimos a un par de foteros equipados hasta las cejas, corriendo hacia un extremo de la sala, lo que, como experimentados aventureros que somos, sabíamos que sólo podía significar una cosa: señoritas guapas ligeras de ropa anunciando algo. Casi acertamos, porque esta vez eran señoritas vestidas de gala haciendo una subasta.

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¿El qué subastaban? Vaya Vd a saber. Eso sí, el pasar por esa parte del hipódromo nos sirvió para pasar por enfrente de esto:

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De camino de vuelta a la estación, comprobamos que al menos la cartelería olímpica ya está preparada

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No se preocupen, que aún nos quedan aventuras.

Del hipódromo empezamos a dirigirnos hacia la isla, con una parada intermedia en el centro comercial de Sha Tin por el que hemos pasado ya miles de veces, y que estaba, como siempre, lleno de gente.

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Y donde, por cierto, se estaban celebrando varios eventos para recaudar dinero para enviar a Sichuan.

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Claro, que también había algún que otro evento destinado a que un constructor se embolsara unos cuartos. Sobre esto volveremos en breve…

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De Sha Tin, a Hung Hom, zona aún ignota para Ms. Peláez, y que probablemente sea lo más parecido a lo que los occidentales entendemos por «barrio» que hayamos visto.

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Eso sí, las torres del lado del puerto se dejan ver desde todas partes

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El caso es que el distrito termina en una zona comercial, ya al lado del mar, en la que se pueden encontrar maravillas como este centro comercial, ¡en forma de barco!

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Y claro, esto era inevitable

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Bien, para ir terminando: ferry de Hung Hom a Central y postalaza

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Y el resto, ya se lo contamos otro día, que se me han acabado las palabritas.

La imagen del día

Los telediarios de la noche en TVB, tanto en cantonés como en inglés, presentados por las caras habituales de completo y perfecto luto, han estado dedicados casi en exclusiva (26 de 30 minutos; los cuatro minutos sobrantes han sido sobre la investidura mañana del Primer Ministro de Taiwan) a contar cómo se han seguido los tres minutos de silencio por todo el país.

Mientras, en Hong Kong, se han suspendido algunos cines durante estos tres días, así como las carreras de caballos del miércoles. Pero supongo que la imagen del día podría ser la de una de las reporteras de TVB llorando mientras entrevistaba a una señora que la contaba que había perdido a su única hija. O la de una policía de Pekín llorando y cuadrándose delante de la cámara, o la de los alumnos de un colegio en formación en frente de las ruinas del mismo, o…

Luto nacional

Ayer, el Gobierno Central decretó tres días de luto nacional, en señal de respeto y de recuerdo a los muertos por el terremoto.

El gesto tiene su importancia, porque es la primera vez que el Gobierno Chino decreta un luto nacional por una catástrofe natural.

Al luto se ha unido el Gobierno de Hong Kong, que ha colocado a media asta todas las banderas del territorio, y que ha suspendido todas las actividades recreativas públicas durante estos tres días, así como la Sinfonía de la Luz de hoy.

Además, hoy, a las 14:28 horas, la hora del terremoto, se van a guardar tres minutos de silencio, en los que sonarán todas las alarmas, sirenas de barcos, y bocinas de coches y autobuses.

En este momento, todas las cadenas locales de televisión están conectando con los distintos puntos del territorio en los que se han previsto actos públicos para esos tres minutos de silencio.

Así pues, y para variar, nos vamos a callar un rato.

En los papeles

Las trepidantes narraciones de nuestras fascinantes aventuras en Hong Kong, tienen también versión en los papeles.

Vean la edición de ayer de El Norte de Castilla (el periódico de nuestro pueblo)

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Gracias al Patriarca por estar al tanto y pillar la foto.

Anuncios de chuches II

Un poquito más de dulce. Esta vez, a cargo de la competencia, la cadena Aji Ichiban, que por cierto, está a punto de sacar una nueva gama de productos llamados «Peláez», en honor a su mejor clienta, Ms. Ídem.

Como pueden ver, el amor, sobre todo si compite contra las chuches, no siempre triunfa.

Anuncios de chuches

Para que todo el mundo se pueda endulzar el fin de semana, como hoy es viernes, toca ver… ¡anuncios de chuches!

En concreto, cuatro anuncios de 旺旺, que en cantonés suena «wong», y que, en sus publicidades en inglés se han autotraducido como «want want» (quiero, quiero). El caso es que es la marca de chuches por excelencia.

La marca es de la china continental, y sus anuncios están rodados en mandarín, aunque estas versiones están dobladas al cantonés. Lo digo, no tanto para los lingüistas de la sala, sino para que entiendan el porqué de ciertas descordinaciones boca-sonido.

Y que Ms. Peláez me perdone por robarle su tema