Y ya que estamos con los restaurantes

Esta vez, en sección tirando a no baratos.

Resulta que los usos y costumbres locales mandan que no deben faltar el té en ninguna mesa. El té es bueno para el organismo, ayuda a digerir la comida, y se bebe como si fuera agua. Así pues, en cualquier mesa de cualquier restaurante, siempre hay al menos una tetera.

Bien, de tanto que se bebe, de vez en cuando hay que rellenar. Pero en vez de llamar al camarero y pedirle que rellene, lo que debe hacerse es levantar la tapa de la tetera, y dejarla a un lado. A la velocidad del rayo, alguien vendrá y rellenará.

¿Porqué así? Pues hay varias explicaciones. A mí la que me gusta es que hace mucho, mucho tiempo, un jovenzuelo fue a comer a un restaurante, llevando consigo un pájaro que le había regalado su amada antes de marcharse de viaje. Así pues, para que el pájaro no se escapara, el jovenzuelo lo metió en una tetera, y puso la tapa.

Sin embargo, un camarero, muy profesional él, levantó la tapa de la tetera para ver si necesitaba ser rellenada, y el pájaro se escapó. Desde entonces, nadie levanta la tapa de la tetera para mirar a ver si está vacía o no. La rapidez en rellenar, contada desde el momento en el que levantas la tapa, es directamente proporcional a la calidad del servicio que se le asignará el restaurante.

Por cierto, cuando te rellenan la tetera no hay que decir «gracias con la boquita», sino que se deben dar un par de golpecitos en la mesa con tres dedos (el índice y los dos de al lado van bien). También para eso hay varias explicaciones, pero la que a mí me gusta es que hace mucho, mucho tiempo, un emperador se fue de viaje de incógnito por sus tierras, con varios miembros de su séquito, para conocer de cerca los sufrimientos de su pueblo.

En una parada para comer, el emperador se vio obligado a servir el té a sus compañeros de viaje, cuando le tocó el turno, y éstos, deseosos de mostrar el debido agradecimiento pero no de estropear el incógnito, decidieron hacer una «reverencia» con los dedos en vez de con el cuerpo completo, como mandaba el protocolo de reverencias.

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