El sushi es tan barato…
El precio total del picnic: 3 euros en sushi, el euros en zumos.
Como el jueves hizo bastante viento, no del noreste, el viernes prometía amanecer con el aire limpio. Aunque parezca que no, estas cosas hay que tenerlas muy en cuenta, porque hace ya casi dos meses que no llueve, lo que quiere decir que la mierda del aire se puede cortar con un cuchillo.
Pues eso, la cosa amaneció como prometía, así que decidí cogerme el atillo y marcharme de hiking, concretamente a subir al Lion Rock (獅子山, que dicen los amables lugareños). ¿Porqué a la montaña del león y no a la de, por decir algo, la babosa? Pues por lo de siempre, hombre, por las vistas.
Voy a resumir bastante la cosa, porque tampoco es que tenga mucho misterio.
Dicho esto, la subida pasa por tres puntos singulares. Primero Amah Rock, que es el pedrusco que se observa a la izquierda. Los palotes que se ven abajo son Sha Tin.


Por cierto, desde Amah Rock se ve todo Sha Tin e incluso gran parte de Ma On Shan. Si se fijan bien, pueden ver a la vecina colgando la ropa (para facilitar la resolución, hemos marcado el lugar con un círculo amarillo)

El segundo punto es el Kowloon Pass. Y aquí sí que las fotos nunca van a poder hacer justicia a lo que de verdad se ve, que no es ni más ni menos que todo East Kowloon, la parte norte de Hong Kong, parte de Tsing Yi.
Nótese, en primer lugar, que como aquí el sol ya estaba un poco alto, y pese a lo despejado del día, la luz se dispersa tanto que es casi imposible sacar media foto, y en segundo, fíjense bien en la franja de tierra rectilínea dentro del mar, porque eso era la pista del antiguo aeropuerto de Kai Tak.

Bueno, les dejo con unas pocas fotos del lugar, hechas todas entre el Kowloon Pass y la cumbre del Lion Rock. Por cierto, al llegar arriba del todo se te corta hasta el pis al ver el espectáculo: miras a la derecha, Kowloon; miras a la izquierda Sha Tin.




Ale, arreando a pasar buen finde.
Esperando al minibús.

… lo que parece ser va a ser el árbol de navidad de chocolate más grande del mundo. Al menos, eso es lo que dicen los que lo están haciendo.
El caso es que, sea el más grande o no, Mr. Peláez se ha quedado paralizadísima ante semejante vista.

La pobre no podía decir nada más que 朱古力, 朱古力, 朱古力 (es que la señorita es muy fina, y desde que estudia cantonés sólo habla con palitos, pero traducido, lo que está diciendo es “chocolaaate, chocolaaaate..”)
El caso es que el árbol tiene buena pinta, la verdad. No nos hemos enterado de si después de tan entrañables fechas nos van a dejar hincarle el diente o no, pero sí nos hemos enterado que no se derrite hasta los 70 grados. Dado el gusto por darle al aire acondicionado que tienen los pintorescos locales, les aseguro que eso no va a pasar en la vida.

Lo curioso es que no lo traían hecho de casa, sino que lo están haciendo ahí mismo, in situ.

Para terminar con lo del árbol, vean como Ms. Peláez está en la media, en lo que a talla se refiere.

Por cierto, hablando de árboles, ya tenemos en casa las ornamentaciones navideñas preparadas. Aunque haremos un especial (o no) sobre el tema, vean el árbol que tenemos en el Podium

Y algunos de los colgantes que nos han puesto.

Pero bueno, a otra cosa. Al lado de casa, a un centro comercial de distancia nada más, tenemos el Ma On Shan Park. Como hoy ha sido uno de esos extraños días en los que se ha podido ver el cielo azul, aquello estaba hasta la bandera de parejitas en pose similar a ésta:

Es decir, ella posando y él trabajando con una cosa mucho más grande que la mía. Por cierto, nótese la escalera, uno de los accesorios que todo fotero que se precie por aquí lleva a todas partes.
Al lado de casa, a un centro comercial y un Ma On Shan Park de distancia, también tenemos la playa de Wu Kai Sha. Uno de los puntos positivos de la playa es que apunta hacia la puesta del sol. Y claro, hay que estar preparados:

La cosa es que la zona se supone que es/fue hogar de pescadores. De ahí, tal vez, la presencia de barcas:

Claro, que algunos no parecía que estuvieran pescando.

Bueno, para terminar, diremos que nos encontramos con varios temibles animales salvajes:

Y con una novia, que no dejó pasar la oportunidad de posar para nosotros:

Encanto que tenemos…
significa “tener”, “haber (en un sitio)”
significa “máquina”
Por lo tanto,
, que debería significar “hay máquina”. Pues no, significa “orgánico”.
Pero ahí no para la cosa. Si a “orgánico” le añadimos un tercer signo:
cuyo significado independiente es algo así como “reunión, encuentro de personas”, y lo juntamos todo, tendríamos:
, que literalmente sería “haber, máquina, reunión”. Pues tampoco, todo junto significa “tomar un riesgo”.
¿Pero cómo @#!#@!! quieren que aprendamos esto?. En fin…
Por cierto, ya que estamos con las reuniones,
, que literalmente es “gran reunión sala”, o para entendernos, sala de reuniones grandes, es el término que habitualmente se utiliza para designar los Ayuntamientos.
Ala, buen finde y eso.
Curioso día éste, en el que por primera vez en el último año, nos presentamos en un sarao en el que no éramos los únicos occidentales. Extraña sensación: nadie te mira con los ojos como platos, la televisión no te entrevista, y entiendes (más o menos) a la gente que tienes alrededor.
“¿Y cómo así?” se preguntarán. Pues todas estas extrañas sensaciones son las que se tienen al acudir a un evento como el de ayer: la final de la Bledisloe Cup, o, para entendernos, el Australia - Nueva Zelanda de rugby.

Por si acaso alguien no se cree la florida introducción, por favor, que cuente los chinos en la foto:

Como podría esperarse, dados los dos equipos contendientes, había bastantes señores australianos, que son fácilmente reconocibles por sus sombreros…

… o por su canguro:

Y señores neozelandeses, que son fácilmente reconocibles por… por… en este caso por su camiseta

También había algún que otro señor inglés. Cosas que pasan:

Bien, para dejar claro que estamos en Hong Kong, antes de empezar el partido, se presentaron los dragones, como corresponde a todo evento que se precie:


Y para dejar claro que el partido era de rugby, vean a los angelitos:


Como corresponde, Nueva Zelanda sugirió amablemente a Australia antes de empezar que tuvieran cuidado con sus higadillos por aquello de que, lo mismo, se los comían:

(nótese la fascinación con la que el chino que sujeta el cable observa a los kiwis hacer el indio)
Y por fin, el partido. Ya saben, un juego de brutos jugados por caballeros y todo eso:



¿El juego? Bien, rápido, a la mano, con marcador igualado de principio a fin. ¿El resultado? Ganó Nueva Zelanda, según la sección de deportes del South China Morning Post, “winning ugly counts”.
Total, que fin del partido, y todos el mundo a su casa. Los 39.682 qwailos.

Eso sí, no sin antes inmortalizar la presencia de Ms. Peláez en tan magno evento, con su cara de “esoestodoamigos”
